CUANDO ENCUENTRAS EL PARAÍSO A 2200 METROS: LA EXPERIENCIA AXALP

Cuando vi de lejos el lugar que debía subir unas horas después, empecé a tomar perspectiva sobre el desafío que me esperaba. Totalmente distinto a cualquier cosa que haya hecho hasta ese momento.
AXALP se acercaba. Me saludaba a lo lejos. Comenzaba la aventura.
En mi opinión, el espectro, el foco de lo que un fotógrafo aeronáutico parece englobar al comienzo de su trayectoria es limitado: visitas al aeropuerto para hacer fotos, ponerse cerca de la valla, exhibiciones aéreas locales…
Poco a poco comienzas a abrir el foco: exhibiciones aéreas internacionales, spotter days fuera del país e incluso en bases aéreas. Lo que tienes alrededor empieza a saber a poco y te complicas la vida cada vez más y más. En cuanto menos te lo esperas, en algún momento de esa trayectoria decides que es buena idea irte a mitad de ninguna parte donde en algún momento puede que vuelen aviones.
¿El premio?
Una foto espectacular.
Lejos quedó esa valla del aeropuerto cerca de casa. Ahora estás preparando la mochila para irte a mitad del campo en algún aeródromo remoto, quizá a un embalse para fotografiar apagafuego… O incluso a subir una montaña en los Alpes para ver aviones volando bajo y disparando.
Y resulta que esa montaña tiene nombre: se llama AXALP.

Fliegerschiessen Axalp, más concretamente, es un ejercicio de tiro en el cual la Fuerza Aérea Suiza realiza maniobras con munición real disparando a objetivos colocados en varias zonas de la montaña de Axalp
Esto implicaba:
- Aviones
- Aviones volando bajo
- Montañas de fondo
- Disparos con munición real.
Una absoluta locura. Todo son pros. Alguna contra ha de haber, ¿no? Parece fácil.
La mayor contra o dificultad… Es a la vez uno de los placeres y maravillas de Axalp. Si la exhibición tiene lugar en una montaña en los Alpes, habrá que subirla en algún momento.
17 de octubre, 2023.
Tras poco más de 2h de coche para llegar a nuestro alojamiento en Interlaken, Suiza nos recibe con el único restaurante abierto a las 10:30pm. El Mcdonalds mas caro de toda mi vida.
Estaba nervioso.
Era una mezcla de estrés, debido a estar recién llegado, sabiendo todas las cosas que había que preparar y las horas mínimas que debíamos dormir.
La otra parte de los nervios venía por la emoción. Una emoción inmensa.
Yo siempre decía que perseguía aquello que mezclase emoción y fotos memorables, algo que costaba mucho encontrar cuando llevas unos años en el mundillo.
Y me encontraba a pocas horas de vivir mi primer Axalp. Estaba hecho un flan.
¿Qué implicaba Axalp? Abrir el foco. Con desnivel positivo. Axalp, y sus puntos de fotografía se encontraban a 2200 metros de altitud. Para nosotros, eso significaba una subida de 700 metros de desnivel, de madrugada, a finales de octubre, con una mochila llena de víveres y ropa de abrigo, además del equipo fotográfico, claro.
Y por supuesto, rezando para que la meteo respetase y no hiciese que cancelasen la jornada y, por tanto, la subida de 3h fuese en vano. Esa iba a ser la misma situación para los quizá cientos de fotógrafos que al igual que nosotros, querían conquistar la montaña.
Esos 700 metros de subida tienen truco, ya que existía un telesilla que, aunque no te quitaba la parte más difícil de la subida, te ahorraba la mitad de una larga subida horizontal. Para evitar colas, debíamos madrugar a lo grande. No sabía cómo, pero tenía que dormir.
Pero antes, un punto crítico, la mochila. En este tipo de aventuras es cuando agradeces tener una mochila robusta y bien equipada. Se amortiza rápido: Bastones de senderismo (vitales), linterna frontal, barritas de chocolate, pan, fiambre, mucha agua, mucha ropa de abrigo, botiquín, crema para el sol, gorra. Preparados para todo y para nada a la vez.
Y por supuesto, el equipo fotográfico. Cámara, objetivo, impermeables, tarjetas y baterías revisadas mil veces. Dobles, triples y cuádruples checks. Hiperactividad.

Muchas variables y experiencias nuevas emocionantes que presagiaban una noche sin dormir. Y la melatonina no hacía efecto.
18 de octubre. Miércoles, día 1 de Axalp. 4am.
Escucho un despertador que llevaba deseando escuchar desde hacía horas. Me lavo la cara para quitarme un sueño y unas legañas inexistentes ante la ausencia de horas de sueño, nos ponemos las mil capas de ropa, otro doble-triple-cuádruple check de todo y a funcionar.
Aunque antes de salir de la cama, debía comprobar algo vital: la web del ejercito suizo confirmaría el estado de la demo ese día. Podrían cancelar en cualquier momento, por cualquier cosa. Pero las noticias eran buenas. La exhibición de ese día seguía adelante.
Nuestro primer destino era el bonito pueblo de Brienz. Desde allí, un autobús nos llevaría al punto de partida del teleférico. Debíamos coger el primer bus saliente si no queríamos pasarnos horas de espera y perdernos movimientos.
Café, y a echar los kilómetros más fáciles del día. Apurando el volante y los asientos calefactados como si nos fuese la vida en ello. No sabíamos realmente qué íbamos a vivir. ¿Calor? ¿Frío engelante? Con mi mezcla de nervios y falta de sueño tampoco le daba muchas vueltas.
Aparcamos el coche y fácilmente llegamos al punto de partida, en donde nos dan una pulsera de Axalp todo incluido y nos subimos al autobús. Tardaríamos unos 30 minutos en subir por una carretera serpenteante, repletos de gente alrededor y forrados en ropa y equipo fotográfico. Nada recomendable, pero ese día agradecíamos todo lo que nos hiciese ganar unos metros de altura.
Así llegábamos a nuestra segunda comodidad del día, el telesilla. En aquel momento no sé qué concepto tenía de un telesilla, pero para nada se parecía a la realidad.
Os diré algo, en mi vida había montado en un telesilla. Y de la nada, me encontraba montado en uno, completamente a oscuras en los Alpes, intuyendo las copas de los árboles a mis pies, y con todo mi equipo fotográfico, al que agarraba como si no hubiese mañana.
Os diré algo, en mi vida había montado en un telesilla. Y de la nada, me encontraba montado en uno, completamente a oscuras en los Alpes, intuyendo las copas de los árboles a mis pies, y con todo mi equipo fotográfico, al que agarraba como si no hubiese mañana.
Miraba hacia arriba, y tan sólo podía ver cómo se intuía la montaña, y sobre ella, un cielo repleto de estrellas con la vía láctea muy presente.
En cuanto la tensión del momento me permitió, me di cuenta de lo que observaba. De los momentos más impresionantes de toda mi vida.
Como estaba agarrado a todas mis pertenencias como si me fuese la vida en ello, no pude hacer foto del momento, y os aseguro que no hubiera podido sacar nada aprovechable.
“Como estaba agarrado a todas mis pertenencias como si me fuese la vida en ello” es técnicamente incorrecto. Cuando quedaba poco para llegar al final del telesilla, me moví ligeramente para preparar la bajada, y pude intuir (oír) cómo el 50% de mi líquido para el día rodaba montaña abajo. Lecciones aprendidas nada más comenzar: Asegurar bien las cargas en la mochila. Especialmente las externas.
Una vez repuestos y satisfechas las necesidades humanas (dormir, comer y orinar son iguales: hazlo donde puedas, nunca sabes cuando podrás de nuevo), toca comenzar la temida subida.
“Fliegerschiessen Axalp” decía un cartel que apuntaba hacia la derecha. Y hacia la derecha lo que se ve es: nada. Todo oscuro. Nuestra única indicación fiable era la hilera de luces. Confiábamos que fuesen al lado correcto, pero no teníamos garantías. Tocaba seguir a la hilera

Sin embargo, parecía que llevaban razón. Una senda estrecha, embarrada y resbaladiza nos llevaba hacia la hilera de luces. Los bastones trabajando a destajo recién inaugurados. A la derecha podía intuirse una caída en la oscuridad y no quería mirar demasiado. Hasta ese momento, no había visto el paisaje suizo con luz ya que llegué de noche el día anterior. A medida que los minutos pasaban, nacía el paisaje alrededor. Algo me decía que el amanecer iba a ser memorable.
Llegamos al final de la recta de luces, momento en el que se convertía en una cuesta arriba de luces. Después de una hora de caminata, no es lo que uno especialmente desea. Pero era buena señal, quedaba “poco” o más bien menos para llegar. Aún quedaba subida, pero la parte más complicada había pasado. Y cada vez había más luz. Y cada vez entendía más el regalo de poder vivir algo así.
Un rico chocolate suizo repartido por el ejército nos daba la bienvenida al primer sitio oficial de fotografía de Axalp. Brau era el sitio perfecto si no querías subir más. Veías a los aviones y podías sacar buenas fotos. Además, al ser el punto más bajo, era el sitio en el que estacionaban los helicópteros médicos para rescatar a lesionados. Pero como hemos dicho, era el punto fotográfico más bajo de todos. Y habiendo llegado hasta allí, iba a ir hasta el final.
Y eso no era gratis. El coste: otra buena subida. Pero ya era distinto. Sabía diferente.
Estábamos allí. En el paraíso suizo. Vislumbrábamos aquellos parajes que mil veces hemos visto en fotos y videos. Los picos, la nieve, las dianas.
Era necesario parar a cada poco, no solo para descansar (requerido), sino para darse cuenta de dónde estábamos.
Y de paso, para escribir a seres queridos y actualizar las redes con la aventura que vivíamos, adaptados a la inclinación del momento.
Así llegábamos al segundo sitio: Tschingel. La zona más amplia, el sitio intermedio de los 3, a la misma altura que nuestro sitio objetivo. Y no podíamos quedarnos allí mucho, ya que el camino entre esos puntos lo cerraban durante la demo, debido a su proximidad con la diana que los aviones utilizaban para disparar munición real.
Después de inmortalizar la belleza del entorno y ya saboreando la victoria, afrontamos el último tramo para llegar, casi 3h después, al lugar objetivo: Ebenfluh, tercer lugar de los disponibles en Axalp, pegado a la torre de control del área.
Era oficial: Habíamos conquistado AXALP. Y mucho antes de la hora de comienzo del show. El camino sólo hizo el final aún más espectacular.

Recién llegados, el primer paso era acomodarse, y no era algo sencillo del todo. Encontrar un lugar cómodo y medio estable en la ladera, repleta de personas que no te dificultasen la visibilidad era difícil. Más difícil a cada minuto que pasaba. Porque el hecho de pensar que es necesario subir una montaña a oscuras para ver una exhibición es suficientemente disuasorio como para que el público sea reducido. O eso pensaba.
Tengo que admitir algo: No me preparo las exhibiciones aéreas. No me estudio las demos ni todos los detalles, salvo los más significativos o relevantes. Podría memorizarme las demos y saber qué fotos tengo por delante y no perderme momentos clave, pero… Me gustan las sorpresas.
La emoción de no conocer todos los detalles de una demo es más fuerte que la frustración por perderme una foto relevante. Y me he perdido muchas. Pero me niego a hacerme spoilers.
¿Por qué digo esto? Porque nos enteramos de que 30min después de llegar nosotros, comenzaría el ensayo de la exhibición. Es decir, tendríamos “dos exhibiciones aéreas” en ese mismo día. Para querer fastidiarme ese tipo de sorpresas, ¿verdad?
Aunque tengo que admitir que he dicho una verdad a medias. Me había tragado un buen adelanto de esa edición de AXALP: el comienzo. Un F-18 que pasaría a cuchillo entre Tschingel y Ebenfluh casi en transónico. Con un fondo de montañas.
Es decir, que el primer avión que veríamos en ese lugar iba a ser terriblemente complicado de:
- Localizar
- Enfocar
- Encuadrar
- Disparar
Y todo en… ¿Máximo 5 segundos desde que lo escuchásemos?
La adrenalina volvía de nuevo. Estaba hecho un flan. Muchas emociones nuevas y el día tan solo “estaba comenzando”. Quedaba poco para la acción, la meteo pintaba bien… Y yo comenzaba a temblar. Llevaba tiempo sin pasarme.
De repente, se escucharon los primeros aviones. 2 F-18 hacían acto de presencia a gran altura para comenzar a reconocer el terreno. Se agradecía el aviso, si ya estábamos en guardia… Se triplicó desde ese momento.
Se hace el silencio. Gente apuntando a lo lejos, “ya se ve” dice mi amigo, “si si, lo veo” decía yo: mentira de las buenas, no veía nada. Y eso que llevaba gafas.
No fue hasta el rugido de los GE F404 del F-18 que conseguí blocarlo en el encuadre y apretar el disparador de manera salvaje a una velocidad de obturación 0 arriesgada. Menos de 2 segundos desde que lo localizo hasta que el F-18 está reventándome los tímpanos.
AXALP había comenzado.

Había que guardarse la emoción del momento y el instinto de revisar las fotos. 2 F18 se encontraban en la zona de exhibición y podrían aparecer en cualquier lado, en cualquier momento. Rápida revisión a parámetros y a seguir.
Los dos primeros aviones del día se dedicaron a un ejercicio de disparo a suelo. En los ensayos fue simulado, en la exhibición buena fue real. Primera vez que veía un caza disparando y tengo que decir que fue espectacular. El primer elemento único de ver en AXALP.
Más o menos lo intuía, pero los proyectiles van rápido, extremadamente rápido.

Consejo: si te ves en la tesitura de fotografiar algo que viene disparando ya sea a una diana o a tí, y quieres dejar los proyectiles congelados, ni te plantees tirar por debajo de 1/4000.
El show continuaba con el F18 Demo del ejército suizo, en cuya demostración incluía el segundo elemento único de ver en AXALP: bengalas. A montones. Y no fue el único
La Pilatus PC-21 suiza continuaba con las demos. Después de 2 demos de F-18 pensaréis “pues meh”, “flojo”, “bajada de ritmo”, y lo cierto es que me sorprendió positivamente. Bonito, rápido, ágil y cercano.
El resto de exhibiciones consistieron en demos variadas, como por ejemplo lanzamiento de paracaidistas desde una Pilatus, ejercicios de SAR con Super Puma, o diferentes formaciones con varios aviones disimilares. Pero en esencia, el grueso de las demos ya había tenido lugar, no os voy a mentir. No esperéis un programa de vuelos tipo RIAT porque sería mentiros a vosotros mismos. Se pueden esperar unas 3 o 4h de vuelos máximo.
Con los ensayos finalizados, tocaba reponer fuerzas, socializar, hacer amigos y, en definitiva, hacer tiempo hasta las demostraciones reales. A comer y a tender la ropa sudada. Qué bien venían las vallas.
En plena subida perdí el 50% del líquido, pero los suizos tienen la exhibición muy bien organizada, y en Ebenfluh teníamos un puesto con bebidas y comida a la venta, previo pago en efectivo.
Respiré aliviado al ver agua… Pero olvidé dónde nos encontrábamos y el tipo de agua que beben por allí. Make agua sin gas great again.
En torno a la 1pm comenzaron las demos oficiales. Los entrenamientos habían sido muy valiosos, ya no sólo por poder coger fotos buenas y ahora poder arriesgar un poco más, sino para anticiparse a ciertos momentos “clave” de la demo.
Tener un segundo intento es poder enmendar los errores del primero, y no siempre se puede, por lo que se aprovechó. Y además, con sorpresas añadidas, como la Patrouille Suisse, con sus F5, que no habían volado en los ensayos.
Recuerdo una pasada en particular, al final de la demo…
Más o menos intuía lo que harían. Dejé la cámara en el suelo / ladera y la disfruté a ojo. ¿Qué perdí? Una foto que tienen 1000 personas. ¿Qué gané? Un momento espectacular en un lugar espectacular, grabado a fuego y nieve.
Broche de oro bañado en bengalas inmejorable.
Dediqué un buen rato a deleitarme antes de afrontar el siguiente gran desafío: bajar la montaña. Para bajar la montaña teníamos varias opciones. Contábamos con el telesilla que nos había ayudado a seguir. Pero estábamos en Ebenfluh, el lugar más alejado del telesilla. Tendríamos muchísima cola de gente. Varias horas. Además, la parte más complicada de subir, ahora había que bajarla. En mi opinión, más complicado.
Y además, como ya he mencionado, habría que hacer como mínimo, 2h de cola debido a que todo el mundo de los puntos Brau y Tschingel se nos habrían adelantado. No go.
Optamos por un camino escénico que no requería telesilla. El camino implicaba bajar por la ladera resbaladiza (aunque más blanda que su otro lado rocoso) para conectar con un camino más estable descendente. En torno a 5km. Otra vez los bastones salvaban la vida. Sin ellos, con un terreno resbaladizo y embarrado, era muy fácil caerse y/o lesionarse. Lección aprendida, y por fortuna los llevaba. No como otra lección aprendida: El calzado.
Llevaba unas botas que consideraba adecuadas, y nada más lejos de la realidad. La bajada fue un dolor, se me clavaban en el gemelo y para colmo, no eran impermeables del todo. Tomad nota de ello, es un punto muy importante allí arriba.
El camino de grava se convertía a veces en senderos repletos de rocas, algo que añadía mucha fatiga y riesgo de caída o lesión. A medida que nos acercábamos al final del camino, la dificultad decrecía. Y las vistas seguían siendo impresionantes.

Cerca de 2h después, llegamos a la base del telesilla, y por tanto, a nuestro punto de partida. Misión cumplida. Ahora “tan solo” quedaba aguantar la cola de gente para subir al bus, y ya estaríamos de vuelta en nuestro coche.
No os voy a mentir, estaba machacado. Físicamente agotado. Mentalmente, pensando en el siguiente día, el día número 2 de AXALP. Y la meteo no apuntaba bien. Cielo despejado, pero mucho viento. Con alertas en todo el país.
Mientras mis amigos hacían cola para el bus, me acerqué a unos puestos en los que había militares suizos para comprar parches de AXALP, ya que ahí los vendían, y me llevé dos sorpresas desagradables:
- No quedaban parches
- El show del día siguiente había sido cancelado.
Volví con esta mala noticia a la cola y procedimos a verificarlo. La fuerza aérea suíza informaba en su web del status de la exhibición del día siguiente por temas como meteo u otras variables.
Y así aparecía, sí.
Para ser del todo sinceros, al principio la noticia tuvo en nosotros un 90% de negatividad, y un 10% de positividad. Mientras hacíamos cola nos poníamos en situación de tener que realizar ese esfuerzo de nuevo y se nos hacía MUY cuesta arriba (el chiste no ha sido a propósito).
Pero ese 10% de positividad se esfumó rápido. Nos quedábamos sin más AXALP, ese día sería el único que viviríamos ese año, ya que los días oficiales de show son martes (trainings), miércoles (show oficial) y jueves (show oficial). Podía pasar. Pero nunca es fácil afrontar una cancelación. Y ese día había sido espectacular. Queríamos más, pero no iba a poder ser.
Todo viaje con riesgos requiere un plan B y al día siguiente debíamos hacer uso de él. Las bases aéreas de la zona nos salvarían la papeleta, pero nuestro AXALP 2023 se había terminado. Y yo, sin parches.
Con la pizza más merecida de toda mi vida cerrábamos un día espectacular con un final que nos dejaba con un sabor agridulce. Igualmente, nos llevábamos un gran set de fotos, una experiencia inolvidable, sensaciones nuevas y, sobre todo, estábamos ilesos.
A día de hoy, os puedo decir que ese 18 de octubre de 2023 ha sido mi primer y por ahora último día de AXALP en toda mi vida. 2027 alberga esperanzas de volver a vivirlo, pero por ahora no dejan de ser eso, esperanzas.
Aunque esta historia haya sido creada con un toque heroico, el esfuerzo no es nada titánico. Requiere únicamente estar mínimamente en buena forma, cosa que el protagonista de esta historia no cumplía. Pero no os echéis atrás por el esfuerzo físico. Merece la pena.
En esa montaña, además de una de mis botellas, se quedan mil emociones, adrenalina, piel de gallina, y una faceta exploradora que el Jorge del día de hoy echa de menos. Y volverá. Porque siempre has de volver a donde has sido feliz.
